domingo, 25 de mayo de 2008

Repercusiones de la Carta Abierta/1


La aparición pública de la Carta Abierta/1 trajo aparejada frondosas repercusiones.


Además de la creación de un espacio de participación para la discusión y la intervención en las políticas públicas y el consiguiente apoyo de más de 1300 personas vinculadas a las artes, las ciencias, la cultura y la educación, los contenidos vertidos en el primer texto público de este grupo estimularon un rico debate.


VICENTE PALERMO es sociólogo por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado varios libros, entre ellos Democracia interna en los partidos (1985), Neuquén. La construcción de una sociedad (1988), Política y poder en el gobierno de Menem (en colaboración con Marcos Novaro, 1996). Ha dado cursos en universidades de la Argentina, Brasil, España y Uruguay. Actualmente se dedica a temas de política e historia política argentina y brasileña. El periodista Mario Wainfeld lo definió alguna vez como “un polemista formidable, uno de esos tipos que cobran velocidad (y decibeles) a medida que se embalan con una discusión. Con erudición y con derrapes al lenguaje coloquial barrial de su generación, Palermo quiere intervenir en política, pelearse, conmover al interlocutor.”


Palermo se expresó a través de una Carta Abierta para disentir con los conceptos del texto que este Espacio presentó públicamente en la Librería Gandhi el 13 de mayo.


El sociólogo, ensayista y Director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, le respondió.


Para ver la Carta Abierta a (todos) los firmantes de la Carta Abierta del 19 de abril del 2008, firmada por Vicente “Tito” Palermo, haga click aquí


Para ver la respuesta de Horacio González, haga click aquí





4 comentarios:

Karina Beriachetto dijo...

¿Esto se trata de una real definición política o es simplemente una guerra de egos intelectuales?

Donatella Castellani dijo...

Muy estimados colegas, por favor, por favor, no perdamos de vista porqué nos juntamos, firmamos, porqué algunos vamos a las larguísimas reuniones. Básicamente nos movió la común evaluación de que en el país había un clima político peligrosamente enrarecido, frente al cual los que nos sentimos convocados no queríamos quedarnos balconeando los acontecimientos encerrados en la agudeza de nuestros análisis críticos, apoyados - eso sí - en un más o menos abultado bagaje teórico. Nuestro conjunto es plural porque es diverso, lo cual es bueno, pero algo en común debe tener para ser un conjunto. Si me atrevo a resumir qué, puedo decir: 1) con respecto a este gobierno hay un arco de opiniones que va desde los que lo consideran el mejor gobierno posible hoy, hasta los que le critican casi tantas cosas como las que le aprueban. Pero lo común consiste en que todos reconocemos su legitimidad, todos queremos que no se lo desestabilice y mucho menos que se lo destituya antes de tiempo. 2) Con respecto al conflicto sectorial que hace tantos días tiene en vilo al país, podemos tener opiniones diversas sobre los reclamos puntuales manifiestos (aunque difícilmente los podríamos describir como los de unos impensables "agentes económicos /que/ se avengan a ser desplumados sin chistar", como dice Palermo – y el subrayado es nuestro -), pero todos pensamos que detrás de esos reclamos manifiestos hay una intención de máxima de frenar aquellos avances en sentido "progresista" – muchos o pocos, según cada uno lo vea – e imponer, por cualquier vía, una orientación más conveniente para los intereses de "sectores económicos, políticos e ideológicos históricamente dominantes", como dijimos nosotros. 3) Desde ése punto de partida, nos quisimos constituir como un espacio político para – en lo coyuntural - hacer conocer nuestra opinión sobre este conflicto; en lo permanente: debatir cada uno de los temas que debe afrontar nuestra sociedad contemporánea, entre los cuales nuestra Carta menciona la emancipación y "las dimensiones de la justicia, la igualdad, la democratización social y la producción de nuevas formas simbólicas que sean capaces de expresar las transformaciones de la época". Obviamente, para que este debate no sea un mero ejercicio académico, nuestro espacio deberá interactuar con otras organizaciones sociales y también con el gobierno, con respecto al cual, manteniendo la necesaria autonomía, tendremos la obligación moral de hacerle llegar nuestras opiniones, nuestras críticas o, esperemos que así lo amerite, nuestro apoyo. Perdonen este quizás innecesario resumen, pero si nos alejamos de estos objetivos nos iremos deconstituyendo y disgregando de a poco. No perdamos de vista los límites del conjunto: es amplio, pero no abarcará nunca a todos. No nos dejemos caer en la tentación de entrar en polémicas demasiado personalizadas sobre marcos teóricos demasiado diferentes. Que los muchos saberes que tiene alguno de nosotros y los pocos o diferentes que podemos tener otros, nos sirvan a todos para elevar los debates que debemos darnos y para iluminar (= no oscurecer) los lenguajes con los que los transmitimos.

Vicente dijo...

Querido Horacio: agradezco, valoro y retribuyo el sincero afecto que expresa tu carta.
Me temo que has construido un muñeco de paja, lo has calificado de liberal y bautizado Tito Palermo, y tras cartón te has dedicado a arrojar piedras contra él.
Pues bien, ese sayo no me lo pongo. En mi opinión el liberalismo político no es ajeno ni a la voluntad política, ni a la pasión, ni al conflicto, y no puedo, por tanto, compartir tu identificación del liberalismo con la sustracción de la política. Pero llego en este camino nomás hasta aquí. Si existen, los liberales a secas que se defiendan solos.
El diablo está en los detalles, y en el blend están todas la diferencias que importan. Por tanto, en lo que me atañe, y dado nuestro mutuo conocimiento, encuentro sumamente curioso que me despaches al purgatorio de los sustraedores de la política y de la voluntad política. Te ves para eso obligado a hacer unos malabares muy desconcertantes. Tu carta es algo reiterativa: me calificás en tus escasas cuatro páginas de liberal media docena de veces y acompañás cada calificación con un solo argumento, invariable, y una sucesión de ejemplos. Me basta con el primero: “Ante un problema donde está en juego la cuestión nacional, el liberal pide sustracción del nacionalismo… Eso soluciona el conflicto, el restar del problema su condición de tal. Queda su osatura mínima. Sustraído el nacionalismo de la nación, queda en pié un árbol institucional, enjuto, la racionalidad en sí misma.”. Juro estar convencido de que esa ni vos mismo te la creés en lo que a mi respecta. Desde luego, no pienso como vos, porque no creo que “sustraído el nacionalismo de la nación”, queden apenas unas instituciones y una racionalidad. Pero lo asombroso no es disentir contigo, lo asombroso es que creas que podés describir así mi forma de pensar y actuar políticamente. Me remito a debates bien conocidos, densos política y culturalmente, y a un librito que publiqué hace más de un año, Sal en las heridas, lleno de pasión y compromiso con nuestro país y en contra del modo nacionalista de proponernos identidad nacional. Lo que hacés es como si a mi se me ocurriera, por el hecho de que hablás de cooptación, por ejemplo, sostener que sos un seguidor de las modas actuales creyendo que toda política es populista y todo lo político es populismo.
No puedo sino rejuntar las perlitas de tus calificaciones; te referís a mi “lenguaje despojado, sustraído, robado de toda historicidad…”, a mi “liberalismo… sinónimo de política neutra, inodora, insípida…”; a mi “ilusión liberal”. En la carta en la que, según vos, “en realidad” sustraigo la política, me refiero a cursos de acción – diferentes a los que ustedes celebran o justifican en vuestra carta – plenamente políticos, conflictivos, que suponen actores, tensión, lucha, historia, valores. La identificación que te das el lujo de hacer, entre lo político y el modo en que te gusta o creés necesario que lo político sea, se hace patente en la presentación final de tu dilema: hay que elegir, ensuciándose las manos, entre Kirchner que ataca a la oposición tildándola de nueva unión democrática, y ese lenguaje despojado, sustraído, robado de historicidad. En otras palabras, para vos, la elección es entre un Kirchner que, ya sabés (decís), “no supo sustraer el voluntarismo, el populismo, la mitología, el chicanerismo, el laclauísmo, el significantevacioísmo, el avivatoísmo”, y la nada. ¿Por qué no elegir entre ir a quemar iglesias o defender el matrimonio religioso y la educación católica en las escuelas? ¿O entre Chávez y los golpistas?
Tu dilema corre por tu cuenta; lo dolorosamente llamativo es que hagas como que no ves que mi posición, que podrá ser equivocada, es tan densamente política como la tuya. Tan llena de pasión y compromiso. En 1955, antes del golpe, no había quienes activamente lucharan por reformular el conflicto y el antagonismo argentinos. Ahora sí; no se si somos pocos o muchos, pero estamos haciendo tanta política como ustedes.
La dimensión liberal – para usar tu palabra – en esto no está ausente, al contrario: presta especial atención a las formas en que el poder es gestionado, a los modos en que los conflictos se procesan y en que los adversarios se constituyen. Se importa mucho con cosas tales como la lentitud, la perplejidad, la prudencia, la mesura, el temple, necesarios en la acción - con todo aquello, en fin, que te ha dado la real gana de denominar sustracción de la política y de la voluntad.
Como ves, no te he dado de barato esta vez ni un tranco de pulga.
Un fuerte abrazo,
Tito.

Eduardo Real dijo...

Chicos, salgamos del bar literario de una vez.

En la España republicana se peleaban los anarquistas contra los socialistas y comunistas, mientras Franco se hacía el picnic.

En Irak se matan chiitas y sunnitas mientras Bush se hace el picnic.

Si adherí a la carta abierta es porque entendí que se había advertido sobre la gravedad institucional del putsch QUE SIGUE SU MARCHA, les recuerdo. No da para que dos contertulios se pongan a hacer gala pública de su sofisticación intelectual.

Entiendo que el espacio cuenta con el suficiente respaldo ciudadano como para convocar a los demás referentes sociales y populares (a la fecha llamativamente callados) a hacer pública su postura frente al golpe en marcha.

Y por el otro lado, abrir el espacio a quienes no pertenecemos a la cultura, el arte o las ciencias. Aún cuando el impulso inicial haya tenido este origen, no creo que deba permanecer indefinidamente en el cenáculo, porque éso lo limita en grado extremo, incluso en su capacidad de análisis de la realidad.